viernes, 20 de septiembre de 2013

Punta Ballena

Cuando Punta Ballena era de pocos


 

Este es un viaje entrañable a la juventud. ¿Qué recordarán los jóvenes de hoy cuando tengan nuestra edad?
Los recuerdos de Alberto Moroy, más joven que yo, se entremezclan con los míos a pesar de que él era de Carrasco y yo de Colón. El lector quizá sepa perdonar lo que puede interpretarse como una disgresión y salida de tema, pero viene al caso pegando algunos saltos temporales. Alberto escribió sobre sus recuerdos e hizo aflorar  los míos, que traigo a colación al final de su artículo. Refieren a la desértica e imponente Punta Ballena de los años 50 y 60, quizás un poco más. Ambos íbamos allí de manera algo diferente, pero a dedo o como fuera, para descubrir paisajes, personajes y hasta medusas gigantescas.
Francamente no teníamos tiempo ni ganas de andar de madrugada con una botella de cerveza. No es que uno sublime su propia juventud, ¿pero cuáles serán los recuerdos de esta generación cuando lleguen a nuestra edad? ¿Bastará una borrachera o la ilusión de un nuevo juego Wii o algún faso compartido? ¿Nosotros éramos unos nabos y ellos son los vivos como nos quieren hacer creer?
Lo primero que viene a la mente es que esa generación que nos preocupa quizá sea notoria, pero no mayoritaria. Sin estridencias ni hacerse ver, por allí estarán los que en un garage inventarán otro Microsoft o los que en este momento están levantando un ranchito que luego será otro Casapueblo. Porque en nuestra generación también estuvo el “Cacho” aquél que mató a un bombero dicen que “para ver qué ruido hacía”.
Así se veía el mar desde el acantilado, nada que envidiarle a Ulises aunque sin la amenaza de Polifemo.
Seguro que conocen este lugar, lo que pocos saben es que acá se sacaban los mejores mejillones de la zona y no se porque terminaban en Pirlápolis, tambien estaban las aguas vivas mas grandes que e visto por estos pagos. Cuando las tenias arriba arriba, te ardía hasta “el apellido”; sus filamentos urticantes medían al menos un par de metros, lo que nos obligaban a bucear con pullover de lana, no es broma ni exageración. Por aquel entonces teníamos solo una escafandra marca Funsa y patas de rana haciendo juego; ese era todo el equipo.
Ubicacion foto de la portada 34°54’56.43″S 55° 2’48.97″W
La primera vez que fui a Punta Ballena debería ser por el año 1958. La excursión familiar llevaba todo el dia, la ruta interbalenaria no estaba, asi que se viajaba por la 8 y la 9 , lo recuerdo bien pese a que era bastante chico, porque parábamos en un bar sobre la 8 donde habia un cartel que decia “Mosquitos”, hoy se que es Soca. Los detalles de como llegamos hasta el lomo de la ballena, se me borraron, si recuerdo que la zona era un páramo, habia una gruta llena de mejillones, (1968 boite Las Grutas) casi sobre el agua y ahi nomás una torre de hierro bastante alta que según me contaron era de Ancap buscando petróleo. Por esas fechas se hicieron los intentos fallidos, que en algunos casos terminaron  en el origen de las aguas termales en la cuencia uruguaya del río Uruguay.
Gruta de los mejillones (Boite las Grutas1968)
La segunda vez fue el verano de 1963 y pese a la corta edad viajábamos a dedo. Salíamos de Av. Italia en Carrasco bastante temprano, hacíamos dedo hasta que el pulgar se acalambraba. Habia llegado el momento de gastar unas monedas y tomarse el ómnibus de Copsa hasta donde llegase. Para el desayuno había alcanzado una media sandia a temperatura ambiente, que vendian en las veredas lo más rápido que se pudiera antes que se estropearan.
Por lo general teníamos suerte y algún camion arenero se apiadaba, llevándonos en la caja sobre la arena, no mas lejos que Solymar. Antes recuerdo hasta haber viajado un trecho en carro, desde ahi otra ves dedo y con suerte llegábamos a Atlántida, la próxima parada era La Floresta, porque el trafico se cortaba ahi.
Para adelante era cuestión de suerte, pocos seguían a Pirlápolis y menos a Punta del Este; asi en esta ocasión nos llevo una mujer hasta Sauce de Portezuelo, lo demas fue caminado por la playa, con mochila y un sol que rajaba la tierra, fueron varias horas de caminata, llegamos de color morado. La playa era un desierto, recién algunos bañistas cerca del parador de Solanas.
La casa de mi amigo estaba sobre la playa, edificada sobre un pilote de cemento de 3×3 m. En el primer piso una construccion de madera bien espaciosa con techo a dos aguas y con un balcón de generosas dimensiones, lanzado sobre la arena, casi tocando la playa. El agua estaba a 100 m, lo singular era que a manera de pórtico tenia dos costillas de ballena.
Ubicacion de la casa de Flia. Boccardi 34°53’30.34″S 55° 2’25.94″W
Ahora Punta Ballena es un lujito con ruta panorámica y todo, incluyendo un bruto pleito de la familia Lussich contra el Estado que, en época militar, se le apropió del predio sin resarcir la expropiación… o es lo que dicen.
Al costado, hacia Montevideo estaba la casa de Díaz, creo que era el de los toldos de Maldonado. A unas cuadras en el mismo sentido, el único almacén con telefono. Hacia Punta del Este era todo roca, el camino hacia la punta de la ballena que partía de la ruta, era de balastro y estaba arruinado.
Alguna edificación en la entrada y tambien abajo, la casa de Páez Vilaro debería ser casi un proyecto, auque se por cuentos que la habia comenzado un par de años antes y era de madera. Por las noches entre el calor y los mosquitos costaba dormir.
En la playa unos pescadores tenían su rancho con paredes y techo de lata, sobre una roca, justo donde se acababa la arena, uno se llamaba Toribio y el otro Ferreira o Pereira, los demas no me acuerdo. Este ultimo comandaba la batuta, con el íbamos en su chalana de remos hasta la punta de la ballena (foto de la portada) donde sacaba los mejillones con una cuchara de albañil y una bolsa de arpillera, usando la escafandra Funsa, adosada a una manguera de jardín, por la cual le llegaba el aire comprimido desde un motor destartalado, sobre la chalana. Tan mal andaba que una vez parecía que se apagaba, toque el tornillo para acelerarlo y se apago, abajo se veían burbujas de tamaño considerable. ¡Cómo le iba explicar al pescador que quería acelerarlo y se me apagó! Asi que me senté en mi lugar, con cara de  “yo no fui” y el pobre hombre salio mas colorado que un tomate, estaba a 4 m. de profundidad.
Al regreso remábamos nosotros, eran como 2,5 Km y traíamos ¡600 Kg. de mejillones! No resulta difícil imaginarse el hambre que juntábamos, la madre de mi amigo, de apellido Boccardi cocinaba en la TV donde tenía un programa. En el balcón tenia una campana que hacia sonar para avisarnos que estaba el almuerzo, imagínense ¡toda una bacanal!, ahi descubrimos que era el condicionamiento de Pavlov con la campana excitando nuestras papilas.
Este pescador a quien muchos años despues me lo encontré regenteando las canchas de Volley y cuidando las lanchas en el mismo lugar, llevaba los mejillones a Pirlápolis en una moto BMW con sidecar, algo imponente de ver en la ruta. A la tarde salíamos a caminar y sacar almejas de las que habia en abundancia, llenábamos un balde en poco rato.
En esas recorridas llegábamos hasta hostería/hotel Solana del Mar. Cerca habia una casa que según decian, era toda importada desde las tejas hasta sus vidrios de marca Ray-ban. Su construcción para ese entonces era modernosa. En esa zona todo era distinto, contrariamente a la soledad de la rinconada, aqui habia calles bien delineadas pavimentadas con cemento. El responsable Antonio Bonet, un arquitecto catalán con todos los laureles, seguramente hasta nos cruzábamos con Margarita Xirgu , que veraneaba la vuelta, pero… no sabíamos quien era.

Fuente:  El Pais.