martes, 18 de febrero de 2014

El primer mate de un gallego


No le zampes un mate a un extranjero; te lo dice uno que por caer simpático comió hormigas, víboras y otras rarezas… no siempre inmóviles.
Porque la cortesía tiene eso: te invitan con tanta ilusión queda feo rechazar. Te están ofreciendo lo que ellos consideran un manjar y quedarían muy decepcionados si vos los apartás horrorizado. Yo, que me banco todo, lo único que realmente resistí fue ese gusano que sacan del maguey los mexicanos y te lo ofrecen apretado entre dos dedos sucios, porque al bichito no le gusta que se lo coman.
Por acá muchas veces insistimos para que un extranjero le de un mordisco a chinculines que ellos miran asqueados tras calificarlos, honestamente, de vísceras casi  escatológicas. ¿A qué viene ese desatinado empeño en catequizar con la comida?
Vos dirás que lo del mate es diferente, pues además, al extranjero le picó la curiosidad por la folklórica infusión. Pero no deja de ser otro episodio de esta tendencia que será universal, pero no deja de ser asquerosa. Lo que te vamos a reproducir textualmente, es el relato de un gallego en El País de Madrid (http://blogs.elpais.com/paco-nadal/2011/02/la-primera-vez-que-lo-hice.html#more).
No le ocurrió en Uruguay sino en Buenos Aires, pero da lo mismo. Paco Nadal es un licenciado en Ciencias Químicas, cuya verdadera vocación es viajar, lo cual tiene sus recompensas pero también tiene estos riesgos. Veamos lo que puso en su blog, luego de titular traviesamente: “La primera vez que lo hice (historia de amor con un mate)”
La primera vez que lo hice ella rozó mis los labios y sentí un quemazón horrible. Era mucho más áspera de lo que imaginaba. Fue un contacto amargo, necesariamente breve. De primerizos.
La verdad, siendo ella tan famosa como era, tan querida por tanta gente, esperaba de aquel primer contacto un beso nacarado, una pasión sin retorno, un sabor dulzón que explotara en la boca y azotara hasta la última de mis neuronas con un latigazo de placer. Quería que aquel primer contacto carnal me hiciera caer rendido a sus encantos. Pero no ocurrió así.


Y también te diré que debería haber un artículo en el Código del Menor referido a esto. ¿Un mate supercaliente a un bebito? No tenés perdón por más criollo que lo quieras hacer…
Lo que si me encanta del mate es el ritual que lo envuelve. Y su significado -mucho más allá de una simple bebida- para los argentinos. El mate es la bebida social, el signo de identidad, el regreso a casa, aunque estés a miles de kilómetros de ella. Lo primero que echa un argentino a la maleta es el porongo, la bombilla y el paquete de yerba mate. El cepillo de dientes y el pasaporte se le pueden olvidar; esto, no.
Prometo seguir intentándolo hasta seducirla. Esta historia de amor va a terminar bien. No soy de los que se rinden fácilmente ante un primer no.



Y también te diré que debería haber un artículo en el Código del Menor referido a esto. ¿Un mate supercaliente a un bebito? No tenés perdón por más criollo que lo quieras hacer…
Lo que si me encanta del mate es el ritual que lo envuelve. Y su significado -mucho más allá de una simple bebida- para los argentinos. El mate es la bebida social, el signo de identidad, el regreso a casa, aunque estés a miles de kilómetros de ella. Lo primero que echa un argentino a la maleta es el porongo, la bombilla y el paquete de yerba mate. El cepillo de dientes y el pasaporte se le pueden olvidar; esto, no.
Prometo seguir intentándolo hasta seducirla. Esta historia de amor va a terminar bien. No soy de los que se rinden fácilmente ante un primer no.
MANUAL RÁPIDO DE SUPERVIVENCIA PARA “GALLEGOS” QUE COMO YO, NO TIENEN NI IDEA DE CEBAR Y BEBER MATE (A Paco Nadal todavía no le propinaron ningún mate en Uruguay, de lo contrario sabría que muchas de sus recomendaciones a otros gallegos no son válidas en nuestro territorio, ¡mirá que somos complicados los rioplatenses!)
- Añade la yerba al porongo y voltéalo tapando con la palma de la mano para quitarle el polvo y que no se bloquee la bombilla.
- Echa el agua por el pico del termo sobre la bombila, nunca directamente sobre el porongo para que no se moje toda la hierba.
-El primer mate lo toma el que lo ceba.
-Termina siempre el porongo entero, no se te ocurra pasarlo a medias.
-Pásalo siempre con la bombilla mirando al que lo recibe.
-Nunca digas “gracias” cuando te lo pasan, significa que ya no quieres más.
-Y sobre todo…. ¡¡¡NUNCA AGITES O REMUEVAS LA YERBA!!! Te delatará como un perfecto novato.
Artículo publicado en El País.