miércoles, 12 de marzo de 2014

"El lugar del hijo" realiza un viaje de lo personal hacia lo colectivo

ESTE JUEVES LLEGA LA NUEVA PELÍCULA DEL URUGUAYO MANOLO NIETO


Este jueves se estrena una de las películas uruguayas más esperadas para este 2014: "El lugar del hijo", del director Manolo Nieto. Se trata de una historia de gran implicancia local pero con alcance universal.

Felipe Dieste carga con el rol protagónico del film y lo hace de gran manera.

Son varias las razones que convierten a El lugar del hijo en uno de los estrenos del cine nacional más esperados de la temporada. En primer lugar, porque marca el regreso de Nieto (Montevideo, 1972) ocho años después de La perrera (2006), con la que se hizo un hueco importante en la cinematografía uruguaya bajo el sello de Control Z.


VIDEO


Si no puede ver el vide, haga click aquí

El otro factor que aumenta la expectativa es el recorrido previo que realizó la película antes de llegar a las salas uruguayas. La première mundial de la película fue en septiembre del año pasado en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Toronto. En aquella oportunidad, el film fue muy bien recibido, lo que le abrió las puertas al resto de las presentaciones: en San Pablo, La Habana y finalmente Rotterdam.
"Lo más importante es que la película funciona. Funciona la historia que cuenta y funcionan los mecanismos dramáticos que se pusieron en juego", explicó Nieto a El País luego de finalizar el recorrido festivalero del film.

Historia.

El hecho de que la película efectivamente capte la atención de públicos tan diversos radica en el tipo de historia que cuenta, muy local y al mismo tiempo de tópicos universales.
Ubicada en el contexto de la crisis del 2002, relata la historia de Ariel Cruz Odriozola (Felipe Dieste), un estudiante de 25 años que forma parte de la ocupación de su universidad en solidaridad con los trabajadores y otros sectores en situación complicada. El primer gran disparador de la historia, a pocos minutos de iniciada, es la muerte de su padre en Salto.
El resto del elenco lo completan Alejandro Urdapilleta, Rosana Cabrera, Leonor Courtoisie y el argentino Germán de Silva (Las acacias) entre otros.
Sin apenas plata ("no tengo ni para los cigarros", le dice Ariel a uno de sus compañeros mientras prepara su bolso), el protagonista viajará de urgencia a Salto para acompañar a su familia en ese duro momento. O, lo que es más justo, a lo que parece quedar de su familia: la "novia o amante" de su padre (ni él parece saberlo bien), un perro viejo, una casa semivacía y deudas, muchas deudas.
Entre las condolencias, el antiguo escribano de su padre le dice que, en cuanto pueda, lo visite para arreglar la sucesión de los bienes y otros asuntos relacionados con la herencia. Entre las cosas que le dejó su padre está el campo y el ganado, algo con lo que el personaje se va a reencontrar.
La primera toma de El lugar... muestra a dos jóvenes sentados en la puerta de una universidad, una postal que remite al estilo cinematográfico de películas como Whisky o 25 Watts (ambas de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella), algo familiar para Nieto.
Sin embargo, una de las mayores novedades de su nueva película es que, hacia la segunda mitad, explora el campo. No es solo una experiencia visual (aunque, desde ya, la fotografía de Araúco Hernández Holz es notable y se luce sobre todo en los espacios abiertos); acentos, expresiones y rutinas netamente rurales forman parte de la historia.
Sin ser un retrato del campo, la película lo incluye en la trama de la misma forma que se inserta en el ámbito de la militancia estudiantil.
Pero no es, de ninguna forma, un film político. El interés de Nieto va más hacia el lado de lo individual: la tierra heredada por un joven de la ciudad, el idealismo torpe e infantil de las protestas colectivas frente a las convicciones personales y, también, la decadencia de lo que ya no está.
Aunque con notables diferencias (el autor es el mismo pero el tiempo hace evolucionar las obras y las miradas), es posible establecer una conexión entre El lugar... y La perrera, y ese puente sería la juventud.
Finalmente, la película pone a dialogar en cierta forma lo colectivo (la reacción de los jóvenes ante la crisis) con lo íntimo (la reacción de un joven ante la muerte de su padre) mediante la figura de la herencia: el país heredado, en un caso, y la tierra heredada, en el otro.
Artículo publicado en El País