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El turismo rural busca ganar visibilidad en la vidriera





Alejarse de la ciudad, de sus ruidos y su ritmo vertiginoso es lo que buscan tanto los uruguayos como los extranjeros que eligen un producto vinculado al turismo rural.
Este ofrece cabalgatas, estadías en estancias, avistamiento de pájaros, degustaciones y recorridas por bodegas o simplemente un plato de comida típica casera.
El concepto de turismo rural ha mutado con el tiempo, y hoy comprende no solo a las típicos hoteles de campo sino también a bodegas, granjas y cabañas, entre otros establecimientos donde se pueden realizar actividades en contacto con la naturaleza. Es por eso que el ministerio de Turismo y Deporte (Minturd) lo clasifica como un subgrupo dentro del denominado turismo en espacios rurales y naturales. Este nuclea además al turismo aventura, que se desarrolla en áreas protegidas, y a las bodegas.
Según datos del Plan Estratégico y Fortalecimiento Institucional del Turismo en el Medio Rural Uruguayo del Minturd, en 2010 había 89 establecimientos de este tipo inscritos en el registro de operadores turísticos. Hoy existen 122 lugares registrados que comprenden unas 1.200 camas, lo que implica el 37% más que en 2010.
Según contó a Café & Negocios Rosana Montequin, quien se desempeña en el área de turismo en espacios rurales y naturales del ministerio, de acuerdo a las tendencias del mercado internacional este turismo ha experimentado un “incremento en la cantidad de visitantes” que se inclinan hacia estas propuestas.
Según cifras del Anuario 2013 del Minturd, en lo que respecta al alojamiento utilizado en establecimientos de turismo en espacios rurales y naturales en 2012 hubo 10.552 visitantes que optaron por este tipo de hospedaje, lo que representa el 0,4 % de la oferta total de turismo del país. Los establecimientos se encuentran dispersos en el territorio y tienen dificultades para difundir sus propuestas.
Problemas de vidriera
La Sociedad Uruguaya de Turismo Rural (Sutu) es la gremial que nuclea desde 1995 a los establecimientos que brindan servicios de turismo rural. Forma parte de la Asociación Rural (ARU), y cuenta con 40 socios activos. Su presidenta, Marina Cantera –quien es propietaria de la estancia Los Plátanos ubicada en Treinta y Tres– contó que uno de los problemas que tienen es la forma de comercializar y ofrecer sus productos. “Estamos trabajando con el ministerio para delinear estrategias que nos permitan ganar visibilidad”, contó.
Además de las páginas web de cada lugar, se utiliza el recurso del “boca a boca” porque se les dificulta lograr que las agencias de viajes incluyan productos rurales en sus paquetes turísticos. Sobre ese tema, el director nacional de Turismo, Benjamin Liberoff, explicó que se organizaron dos rondas de negocios en 2012 y 2013 y este año ya se abrieron las inscripciones para una tercera. 
“Tenemos dificultad porque este no es un sector con un número importante de camas y están dispersos en el territorio”, señaló. Además, el ministerio se encarga de difundir la oferta existente en las distintas ferias a las que concurre periódicamente en el exterior.
Menos visitas de afuera
Otro problema que se suma a la falta de difusión es la caída en la visita de turistas extranjeros pero también de visitantes uruguayos. Son varios los establecimientos que han notado un descenso, lo cual atribuyen a que “Uruguay está caro”, un comentario que no solo se escucha de boca de los propios uruguayos sino también de los visitantes que vienen por ejemplo de Europa y EEUU.
Según explicó Liberoff, esta situación responde a dos factores: la reciente crisis que azotó a la zonae euro y la realidad económica argentina. “Debemos tener en cuenta que nuestro turismo está relacionado con Argentina y es complementario. Si ellos tienen problemas a nosotros también nos afecta”, explicó.
El perfil de la visita
Entre las distintas propuestas, hay algunas que están más orientadas a recibir extranjeros.
Es el caso de la casa de campo La Salamora, en Lavalleja. Desde hace ocho años, Alicia Morales lleva adelante este lugar, “una casa de familia” que recibe amigos y comparte con ellos “los atractivos de la zona”.
Los que quieran hospedarse deben llegar con reserva previa, ya que el lugar no está abierto al público y cuenta solo con cinco habitaciones. Según contó Morales, esa es la única forma de mantener la “exclusividad”. “El lugar lo atiendo junto a mi familia; no queremos que se vuelva algo masificado”, explicó.
Es que La Salamora es un secreto bien guardado. Los turistas llegan por recomendación de otros visitantes o porque encontraron al lugar en internet.
La lista de actividades es larga: talleres de cielos nocturnos, cabalgatas, talleres de hierbas, avistaje en época de ballenas –aprovechando que la estancia está cerca de la costa–, entre otras. Durante estos ocho años han llegado extranjeros de “28 países distintos”, señaló Morales, quien declinó informar los precios de estadía.
El ojo en Semana Santa
Pero para practicar turismo rural no es necesario irse hasta el interior profundo. En la ruta 11, a ocho kilómetros de Atlántida y a media hora del aeropuerto está la estancia Renacimiento. 
Durante los meses de verano se acercan muchos extranjeros, pero durante el invierno el monopolio es casi de los uruguayos.
Según contó la propietaria del establecimiento, Mirta Bonilla, la gente llega hasta allí buscando tranquilidad y seguridad. “Los uruguayos buscan un lugar limpio donde no haya riesgos para los niños. Además, quieren alejarse del temor de Montevideo porque allá viven asustados. Acá podes dejar el auto abierto que no pasa nada”, contó Bonilla.
Las tarifas rondan entre los US$ 108 en temporada alta y 
US$ 98 en baja, e incluye cobertura médica, desayuno y todas las actividades que allí se ofrecen.
La Semana Santa es el punto alto del año donde reciben mayor cantidad de público y al día de hoy el recinto está ocupado casi en su totalidad. A 38 kilómetros de Montevideo, sobre la ruta 5 en Canelones, está el establecimiento Juanicó. La bodega ofrece visitas con una recorrida guiada,una reseña histórica que puede ir acompañada de degustación de vinos y almuerzo. El paseo tiene un costo que va desde $ 550 con la degustación básica hasta $ 2.750.
Según contó a Café & Negocios el gerente del establecimiento Juanicó, Wilson Torres, muchos turistas llegan “por recomendación”, mientras otros “repiten la visita”.
Si bien la bodega está abierta todos los días del año, Torres señaló que los picos de visitas se producen en enero y febrero.

Estancia Los Plátanos Treinta y Tres
La Salamora Posada de Campo  Lavalleja


Establecimiento Juanicó Canelones

Estancia el Renacimiento Canelones


San Pedro del Timote Florida

Nueva etapa para San Pedro del Timote

San Pedro de Timote, ubicada en el departamento de Florida –estancia turística emblemática–, fue un ícono de desarrollo en la época del político blanco Alejandro Gallinal. Fue rematada en 1996, y luego de pasar por varias manos, fue comprada en 2012  por un grupo integrado por la familia Bartesaghi e inversores argentinos.
Desde diciembre de ese año, Jorge y Juan Bartesaghi están al frente del emprendimiento y se los puede ver comiendo en la misma mesa que sus huéspedes los fines de semana, razón por la que los visitantes se van con la sensación de estar en familia.
El hotel de campo tiene una capacidad de alojamiento para 100 personas, repartidas en 40 habitaciones.
Se propone desde cabalgatas, paseos en zorra para conocer la flora autóctona, reseñas históricas contadas, desayunos con mate y tortafritas, hasta un restaurante donde se pueden comer platos típicos de campo. Además, hay un rincón infantil, espectáculos musicales de noche y piscinas (una de ellas climatizada).
Según contó Jorge Bartesaghi, el turismo en espacios naturales permite a los visitantes “hacer lo que no pueden en la ciudad”.
Aunque hay muchos turistas extranjeros, la apuesta fuerte es “a los uruguayos”.
Entre semana las habitaciones van desde US$ 110 a US$ 150 por persona. Los fines de semana los precios varían entre US$150 y US$ 200 por persona.
Para atraer turistas durante todo el año, los Bartesaghi decidieron potenciar la propuesta de actividades. 
En verano la vedete sin duda  son las actividades al aire libre, mientras que en invierno –cuando baja la ocupación en el hotel–apuestan  al turismo empresarial, ya que cuentan con una amplia sala de reuniones. 
Artículo publicado en El Observador

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