Más allá del tradicional balneario del este de la costa uruguaya los alrededores de Punta del Este encierran bellezas casi desconocidas para los veraneantes. Conozca los cinco secretos mejor guardados del exclusivo balneario.
Un parador escondido entre las dunas de la playa más lejana
Hay otro parador, al lado y, aparentemente, nada más. El grueso de la gente suele concentrarse allí, en las inmediaciones del famoso faro, donde está “la movida”. Pero la playa es muy ancha y extensa. Los que se animen a una buena caminata hacia el Este se encontrarán con un parador escondido y prácticamente desierto. Se trata del parador Las Rosas, cuyo ingreso por la ruta se ubica enfrente del complejo Laguna Escondida, a pocos kilómetros de la rotonda de José Ignacio.
La playa a esas alturas tiene la arena más blanca y el mar es más azul. En el horizonte puede verse la península y el faro, algunas sombrillas, banderas de auspiciantes y la gente amontonada allí donde es cool amontonarse. La vista es maravillosa y aunque el parador sólo ofrece bebidas, parece un verdadero oasis. Los visitantes de esta playa son en su gran mayoría amantes de los deportes acuáticos y los practican ahí, alejados de los brillos glam de las celebrities.
La tríada de oro: Montaña, bosque y mar
Ubicado al pie de la Sierra de la Ballena, el parque ofrece la posibilidad de practicar senderismo atravesando sus 190 hectáreas de extensión, y desde la cima de la sierra tiene una de las vistas más impactantes de la península, la playa Mansa y el océano. El paseo es soñado. El perfume de eucaliptos invade a los visitantes y los miradores hacen posible obtener las mejores postales del balneario.
La laguna donde se puede caminar sobre las aguas
La laguna, con salida directa al Atlántico, tiene muchos desniveles en el suelo, formando pequeñas islas y en algunas zonas la profundidad es de tan sólo algunos centímetros. Se puede cruzar de costa a costa apenas mojando los pies, lo que convierte este lugar en un perfecto destino para familias con niños. Desde la ruta 10, que lleva a José Ignacio, se ve con claridad cómo la gente “camina sobre las aguas”, y muchos aprovechan para practicar deportes acuáticos.
El rincón lúgubre: un cementerio de 1700
El inesperado atractivo de este lugar se descubre, sin embargo, escondido en su fondo: un cementerio con lápidas que datan de mediados del siglo XVIII, muchas de ellas restauradas, que conservan en sus epitafios las historias de algunos de los fallecidos. Como salido de un cuento de Poe, este cementerio no escatima en detalles lúgubres: el color verde grisáceo, las piedras corroídas por el tiempo y las tragedias que llevaron a la muerte a esas personas quedaron inmortalizadas en esas lápidas.
La rosa de los vientos que encapsula la voz
En una plaza ubicada al lado del faro, frente a la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, en la esquina de 34 y 10, hay un círculo de palmeras en cuyo centro se encuentra un cantero con la forma de la rosa de los vientos. Pararse ahí, exactamente en el medio de la cruz, hablar y dejarse sorprender. esa es la aventura.
La voz se escucha ajena, como encapsulada y uno puede oír el eco de sus palabras, Quienes no estén parados sobre la rosa de los vientos no pueden advertir el cambio en el sonido de la voz. Ni la propia ni la ajena. El fenómeno no tiene lógica, pero es real. ¿Oír para creer? Vale la pena hacer el intento.
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